Datos personales

Mi foto
Capital Federal, Buenos Aires, Argentina
Seine Libros Email: seinelibros@gmail.com -- Seguinos en facebook: http://www.facebook.com/seine.libros

martes, 26 de abril de 2011

Psicoanálisis - Novedades

Paris, el asilo de Sainte-Anne, 1931. Durante un año y medio, un joven psiquiatra se encuentra casi a diario (...) con una mujer que acaba de ser internada por haber herido de un navajazo a una actriz famosa. Él se llama Jacques Lacan, (...) Ella, Marguerite Anzieu, supo sin embargo que no era del todo esa "Aimée" que él presentaba. Transferida al asilo Ville-Évrard, lleva adelante sola ante la justicia el combate para ser finalmente liberada. Es por eso que ella no había terminado con Lacan, ni él con ella. Así, interviene para que su hijo Didier, por cuya vida sentía tanta preocupación durante su locura, rompa con Lacan que entretanto se había convertido en su psicoanalista. 

En el origen de toda obra, artística o de otra índole, hay una muerte. Se supone que la obra efectuaría su duelo, según la vulgata actual. Es menos sabido que la muerte también es su término; no tanto la muerte física del autor, porque su obra lo sobrevive, sino la segunda muerte a la cual cada uno está destinado cuando llega el momento en que ya no subsiste ninguna huella de lo que se ha realizado. De donde se deduce una pregunta, tanto más intensa en la medida en que la obra producida sea más reconocida como “inmortal”: ¿cómo abocarse a esa segunda muerte, gesto generador de la obra, cuando la misma obra limita su acceso? Cada cual a su manera, una novelista, Yoko Ogawa, un poeta, Stéphane Mallarmé, un psicoanalista, Jacques Lacan, intentaron resolver esta dificultad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario